Viaje a las Indias


Como si de Marco Polo se tratase, en uno de sus viajes por la ruta de la seda, este mes he tenido la grandísima oportunidad de impartir un training de CRM en Mumbai.

La experiencia, como estaréis imaginando, ha sido alucinante. El simple hecho de llegar al aeropuerto te hace ver que estás en un mundo totalmente nuevo. Nada más llegar, aprecias el aroma a incienso, y descubres a toda la gente a tu alrededor vestida con ropas exóticas (desde musulmanes, a hinduistas, pasando por budistas). Solamente en India se hablan más de 2000 dialectos, y el simple hecho de viajar 50 km hace que entres en nuevas regiones con diferentes culturas y lenguajes. Los indios, contrariamente a lo que se pueda pensar, tienen un gran nivel de inglés hablado, pues es junto con el hindi el lenguaje común que utilizan para comunicarse con gente de otras regiones. Asimismo, es el inglés el lenguaje que utilizan para impartir sus estudios superiores.

Al salir del aeropuerto, te encuentras miles de personas con carteles, en los cuales has de buscar tu nombre. No es recomendable buscar un taxi (como haríamos aquí), pues no son válidos para largas distancias (ver foto adjunta para más razones). Lo normal para extranjeros es pre-alquilar un coche con chofer para que te lleve al hotel.

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La primera cosa que más llama la atención en Mumbai es la cantidad de gente que hay en todos lados. Si cualquier ciudad grandecita que conozcamos puede tener 5 o 6 millones de habitantes, Mumbai tiene más de 30 millones (en una superficie de unos 30 km de diámetro).

La segunda cosa que más llama la atención es sin duda el tráfico. Imaginaos una ciudad sin señales de tráfico, sin semáforos, sin rotondas, sin líneas pintadas en asfalto, y sin asfalto en muchos de sus tramos. Todo esto sumado a los millones de vehículos en circulación, hacen que el tráfico sea el mayor caos que he visto en mi vida. Puesto que unas autopistas se cruzan con otras (sí, al mismo nivel), hace que el uso del claxon sea totalmente continuo.

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En el hotel, y en general en todos lados, se observa las razones por las que el desempleo es mucho menor que en nuestro país (es un 7%, y eso teniendo en cuenta la cantidad de zonas rurales con gente inactiva). La gente trabaja de absolutamente cualquier cosa. En el hotel había 4 personas para registrar el coche en busca de artefactos explosivos, otro para abrir la barrera, otro para abrirte la puerta del coche, otro para llevarte la maleta, otro para controlar el detector de metales, dos para abrirte la puerta del hotel, otro cuya única misión es saludarte con la mano vestido con ropas típicas, unos 6 o 7 recepcionistas, los botones, etc. etc. Lógicamente sus salarios son muy inferiores a los nuestros, pero el coste de la vida también es muchísimo más barato.

La gente de las oficinas (no iba a Microsoft, sino a otra compañía) se encargó de sacarnos a comer (cenar) cada noche. Digo cenar, porque en estas oficinas se trabaja de noche, para poder trabajar a la misma hora que otras oficinas repartidas por el mundo. Los indios no comen ternera (principalmente por religión) ni prácticamente cerdo (dicen que por higiene). Lo que si comen es pollo, arroz y especias picantes en cantidades industriales, y esa fue mi dieta durante todo el viaje.

La gente en general sorprende por lo serviciales y atentos que son. Todo un ejemplo de educación, simpatía y ganas de ayudar al prójimo. Dimos también un pequeño paseo por la ciudad (que por el atasco se convirtió en un viaje de 5 horas), y ciertamente no hay nada que te haga decir: qué bonito es esto, pero si hay muchas cosas que te hacen pensar: esto no se puede encontrar en ningún otro lugar del mundo).

Toda una experiencia que merece la pena ser vivida al menos una vez en la vida.

 

Por Luis Mazario

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